La Energía Vital

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La vitalidad de un organismo no es cuantificable con medidas exacta, aunque mediante una observación adecuada del paciente se puede calcular aproximadamente.

La energía vital del organismo depende del conjunto de actividades de la persona, así como de su constitución hereditaria. Por regla general, a menor edad mayor cantidad de energía vital, la cual se deteriora poco a poco hasta llegar a la senilidad y la muerte.

Cuando sobreviene el estado de enfermedad, la energía vital en otras funciones no específicamente curativas. Los niños tienen un caudal de energía vital muy superior al que poseen los adultos, como se puede observar muy fácilmente en siguiente ejemplo: un niño come mucho más que un adulto en relación con su peso, crece más, se muchísimo más y tiene una riqueza creativa muy superior. Del mismo modo, cuando sobreviene una enfermedad, el niño responde  con muchísima mayor energía y contundencia que un adulto y sus crisis curativas son mucho más aparatosas, pero no porque sean más graves,  sino porque toda su energía vital se dirige hacia el proceso de la curación. Por esta razón es de gran importancia no realizar tratamientos supresivos en los niños. Con ellos no queremos decir que las enfermedades pediátricas a la ligera, sino que es importante dejar que la enfermedad del niño siga su evolución normal, aunque siempre bajo una vigilancia médica adecuada.

Los enfermos crónicos, por el contrario, presentan una energía vital disminuida por los continuos achaques de su enfermedad y no se puede esperar una regresión de la enfermedad si previamente no se naturaliza su vida y se aumenta su energía vital.

La energía vital es captada por el organismo a partir de los alimentos, del sol, del aire, el agua y la tierra, mediante del ejercicio físico y una buena disposición mental, así como a través de todas aquellas medidas de higiene corporal y psíquica que tienden a la realización humana.

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